Hoy hace un año que publiqué la primera entrada de este blog. En este año, mi vida ha dado varios giros. El primero negligentemente inesperado, después otro esperadamente inesperado -o quizá viceversa- y, el último, totalmente inesperado. Los tres tienen fecha, nombre y apellido... y han marcado mi vida para siempre, a mí y a los míos.
Y como no hay mal que por bien no venga, este año ha provocado en mí una corriente de cambios que me han hecho reestructurar mi escala de valores, pensar en cosas que antes ni por asomo me planteaba, valorar a la gente que vale la pena y mandar a la mierda a aquella que no lo vale. Descubrir a gente que de otro modo no habría descubierto, y encontrar a mi lado a más de los que habría pensado.
Creé Cuaderno Bebitácora hace un año con el fin de contar mis vivencias londinenses, pensando sobre todo en mi madre que se preocupa tanto cuando no estamos con ella. Una vez que ni una cosa ni la otra son posibles, una vez que el destino se obstina en que no me vaya a Londres y mi madre no puede seguirme a través del blog, ¿qué sentido tiene? Quizá ya no el que le quise dar en su día pero sí otros muchos. Por ejemplo mostrarme tal y como soy y compartir lo que estoy aprendiendo últimamente a raiz de lo que estoy viviendo. ¿Por qué no compartir todo aquello que me está ayudando a crecer como persona, de manera que quizá ayude a los demás?
Me inspira El espejo de Krys, un blog que descubrí recientemente y en el que me ví reflejada porque compartimos inquietudes, gustos musicales, literarios y seriales, y que muchas veces pone palabras a lo que pienso. Pero sobre todo, me inspira su frase:
Toda historia tiene un final feliz; si no eres feliz, entonces no es el final...