Sunday, 22 July 2012

Un imprescindible: toallitas húmedas

Uno suele irse por los Cerros de Úbeda cuando se trata de perseguir la felicidad y no se da cuenta de que la tiene ante sus narices, de que quizá se trata del instante que está viviendo. Un instante, mas otro intante, mas otro... estos son los que conforman la felicidad.

Hoy disfruté de un momento de estos. Un día soleado, paseo por la playa. Tumbada en una hamaca en el Brighton Pier, sobre el mar y con vistas al mar. Suena una canción* que quizá complementa -o completa- el instante. Me percato de que realmente estoy disfrutando el momento y lo aprecio.





Y como todo encanto tiene su desencanto... Como todo hechizo es roto por el maleficio de la bruja... Este no iba a ser menos.

Estaba con los ojos cerrados pensando en mis cosas cuando de pronto sentí un taponacito en la parte interna de mis rodillas y, seguido, un calorcito diminuto que iba resbalando por mis piernas. Me sobresalté, abrí los ojos, me incorporé y miré. Todo ocurrió en décimas de segundo, desde el taponacito hasta que estaba incorporada y ví qué sucedía.

Una cagada de gaviota.

Hala, momento feliz al traste.

Lo típico, miras a los lados esperando que nadie se haya dado cuenta. Como cuando te caes en medio de una rambla un domingo de verano en que la gente no tiene otra cosa que hacer que pasear por la rambla. Te caes y esperas que nadie te haya visto. Pues yo igual con la necesidad del bicho volador. Bueno, recurro a mi bolso recordando que no me quedan pañuelos y diciéndome a mi misma "¡Algo habrá! ¡El fular aunque sea!". Cuando de pronto me viene la luz y recuerdo las toallitas húmedas. Porque no creo en aquel, si no diría benditas sean.

Y comienza a abordarme de nuevo la sensación de felicidad de la que vengo hablando. "Menos mal que ha sido en las piernas y no en el pelo o en la ropa...". "Menos mal que tengo toallitas, para que luego los varones se quejen del bolso de Mary Poppins que solemos llevar las hembras".

La conclusión final que hago es la siguiente: No sé qué probabilidades hay en la vida de que te cague una gaviota pero supongo que pocas y a mí ya me ha cagado. Así que supongo que ahora me toca seguir disfrutando de esos instantes con la esperanza de que, ahora, le caiga a otro.



* El título de la canción es casual. 'England', de The National. Estaba sonando, me percaté de lo bien que me sentía y miré el título.



Thursday, 12 July 2012

Rainy day

He salido a las 8:25 a coger el bus para ir a clase y hacía sol y buena temperatura. A medida que transcurrían las horas el cielo se ha ido engriseciendo. Al finalizar la clase el profesor nos dijo que nos sintiéramos libres de irnos y, mirando al cielo, predijo que teníamos cinco minutos antes de que empezara a llover. No habían pasado diez segundos de su predicción cuando empezó a caer un chaparrón de órdago.

Aún así nos fuimos. Nos sentíamos libres de ello.

Salí, abrí mi paraguas de una libra y me encaminé a la parada. Cogí el bus y me paré en la zona comercial. Una compañera me había dicho que en Waterstones, una librería en la que estuve hace un par de semanas, tienen libros de prácticas del First de Cambridge. Allá que me fui, pero ilusa de mi el otro día pensé que sólo había una planta de libros y otra de cafetería. El otro día sólo estuve en la primera planta y vi la cafetería anunciada pero no subí. Hoy, buscando el libro de prácticas, empecé a subir y me encontré con una segunda planta. Ahí no estaba.

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Ya van tres...

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Pero sí estaba la cafetería. Cuatro plantas.

Más escaleras. Subí. Al fin encontré el libro. Cinco plantas repletas de libros!

Buah, qué gozada... Sí, ya sé que la FNAC existe, pero a mi me hacía ilusión encontrar una librería de cinco plantas aquí, donde vivo ahora. Y con cafetería en medio.

Total que subí cinco pisos para nada porque el libro que había era un timo. Yo que pretendía ser legal y no descargarlo de Internet... Me fuí.

Al salir a la calle seguía lloviendo pero el órdago se había elevado a la quinta potencia. Es decir, llovía un huevo. Me dirigí de nuevo a la parada para continuar mi trayecto a casa y mi cabeza iba pensando. "Llueve, con truenos y relámpagos incluídos. Mira esa con la minifalda hawaiiana, qué frío! Vengo de una librería de cinco plantas con cafetería. No es momento de ir a casa. Es momento de entrar en una cafetería, pedir algo caliente, sentarme con un libro junto a una ventana y disfrutar del momento. Al fin y al cabo de eso se trata, de disfrutar el momento". De disfrutar cada momento como si fuera el último.

Mientras mi cabeza seguía pensando di media vuelta. Ríos de agua bajando por las aceras y por los desagües más. Todos los semáforos en rojo, el de peatones y el de coches. Parados al borde de la carretera esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Todos parados como idiotas, más idiotas los peatones que nos estábamos calando gracias al viento lateral que acompañaba a la lluvia torrencial. Una valiente se atreve a dar un paso hacia adelante y a medio camino se arrepiente metiendo el pie justo por donde más agua corre. Toma pie hundido hasta el gemelo. Qué frío!

Se pone en verde -o no, pero cruzamos-. Frente a mi la entrada a Waterstones y la gente refugiada en la entrada -qué chico más mono!- esperando que amaine la lluvia. Venga, que ya queda menos. Ten cuidado con los charcos. Plas... Plassss... El agua hasta los tobillos y un fresquito bajando llenando poco a poco mis zapatos. Me acuerdo de la del semáforo. Pero si estoy en la acera! No es un charco, es el río que baja por la acera.

Subo. Chof, chof, chof... Tercera planta, cojo un libro. Chof, chof... Cuarta planta. Cafetería. Sólo una mesa libre junto al baño. Delante de mi un señor. Mierda... Lo pide para llevar. Bien! -seguro que tiene una piragua en la entrada-. Pido mi... consumición. Se levanta un señor sentado a una mesa junto a la ventana. Se va. Bien! Allá que voy. Chof, chof...

Me siento, abro mi libro, me traen mi chocolate caliente, miro hacia la calle y veo una marea de paraguas moviéndose en todas direcciones. Me pongo los auriculares, mi música, un sorbo a mi chocolate, vuelvo a abrir mi libro... ¿Se puede pedir más?





La SEÑORITA y el CHOCOLATE

CHOCOLATE: Me quieres, Señorita, ¿no es cierto? Me quieres! ME QUIERES!

SEÑORITA: No Chocolate, no te quiero, después del placer inicial vienen la ENFERMEDAD y luego la CULPA.

CHOCOLATE: Esa, Señorita, es la razón de mi existencia. ¿Me vas a denegar mi razón de existir?

SEÑORITA: No, Chocolate. No haría eso.

CHOCOLATE: Gracias.

(Se oye alguien masticando, seguido de un suspiro de placer).



Monday, 9 July 2012

Lo que no te mata...

Hace poco leía por ahí algo así como "Si estás en esta vida es porque eres lo suficientemente fuerte para superarla". Solemos pensar que no seríamos capaces de enfrentarnos a determinadas situaciones: un fatal accidente, una enfermedad letal, la muerte de alguien querido... esto último sobre todo cuando ocurre en circunstancias extraordinarias, como que le ocurra a un pequeño.

He de decir que somos capaces de superar lo inimaginable. Y no sólo somos plenamente capaces de superarlo, sino también de hacernos más fuertes, de aprender a relativizar y de valorar tanto a las personas como a las cuestiones materiales.

Hoy se cumple un año de que mi vida diera un giro inesperado. Un giro que me hizo deshacer todos mis planes y paralizarlos durante un año. Esto fue el culmen de una serie de acontecimientos que me han marcado para siempre. Ha sido -está siendo- con creces la etapa más difícil. En cambio, lejos de acabar conmigo, hoy me analizo y me siento más fuerte que nunca. Mi escala de valores ha cambiado por completo. Lo que entonces me hundía hoy me resbala. Tal cual lo digo.

Hoy valoro más mi vida, aprecio aquello que tengo y está por venir, valoro también más a las personas. Hoy, ya no juzgo a la primera de cambio. No critico que alguien actúe de determinada manera porque no tengo ni idea de lo que lleva a sus espaldas. Hoy miro a la gente -conocida o no- y me planteo qué le habrá deparado la vida.

Mi accidente es una mierda. Hoy, un año después, me sigue doliendo, sigo andando a duras penas y me sigue limitando. No tengo ni idea de si será así siempre o si aún puede haber alguna mejoría, el tiempo lo dirá. Lo que sí tengo claro es que ando, y si duele le pongo hielo y a la mañana vuelta a empezar. Me ha hecho posponer mis planes pero hoy los he retomado, por lo tanto no ha sido más que una pausa. Y es una mierda, sí, me refiero a que es una nimiedad comparado con el resto. Comparado, por ejemplo, con que una madre esté y no esté desde hace un año, un mes y nueve días.

Con todo esto quiero decir que pase lo que pase todo es superable. Mejor o peor; con menos o más pena, pero todo se supera. O, en el peor de los casos, se aprende a vivir con ello.

Hace unos días me emocioné mucho porque un amigo escribió: "Mamá, donde estés, yo soy porque tu fuiste, o quizás sigues siendo". Hoy me apropio de sus palabras.

Y recuerda: Lo que no te mata te hace más fuerte.


A mis hermanas, hermano, sobrinos y padre.