Un día de estos iba andando por el paseo marítimo y me crucé con un ciclista. ¿Y qué? Diréis. Los hay a cientos, a miles, a millones... Y es cierto. Esta ciudad está tan preparada para el ciclismo que en su web oficial lo propone como "Cosas que hacer".
Bueno, pues como decía me crucé con un ciclista y me estuve riendo unas tres horas yo sola:
No tuve tiempo de sacar la cámara a tiempo y tomé la foto ya de lejos y de espaldas, así que no se puede apreciar bien. Quizá en ésta se vea mejor:
Está empinando el codo, ¿lo véis? Una Heineken. Y me hizo gracia oye, estas cosas sólo las haría un inglés -ya no digo guiri, vaya...-. Como decía, estas cosas sólo las haría un inglés: deporte mientras se echa una cerveza. Como bien me dijo mi primo, será su bebida isotónica. La de los ingleses, quiere decir.
Seguí caminando y horas más tardes, sorprendida por la cantidad de ciclistas que estaba viendo, descubrí qué ocurría. Habían venido desde Londres hasta Brighton organizado por la "British Heart Foundation" -Fundación Británica del Corazón-. Esto cambió mis prejuicios... Lo que en un principio ví como un lazy sportsman -deportista vaguete- ahora lo veía como un "Te la mereces, campeón".
Wednesday, 27 June 2012
Sunday, 24 June 2012
¿Esta vez sí que sí?
Bueno, bueno... hace tiempo que no escribo, lo sé. Esta vez he querido ser precavida y aquí estoy, escribiendo desde Brighton cuando llevo aquí once días. Aunque temporalmente, estoy instalada, y como dice una buena amiga, mimetizada -con esto quiere decir que alguna tarde me tomo una pint, bueno media porque a estos ingleses es difícil seguirles el ritmo-.
Y como una imagen vale más que mil palabras voy a mostrar y explicar un poquito. ¡Ahí va!:

Esta es una vista desde el Brighton Pier. Originariamente, en 1823, fue una plataforma de atraque de barcos llegados de Francia. Durante diez años sufrió una serie de tormentas que causaron daños irreparables, hasta que en 1889 lo compró una compañía privada. Fue reconstruido y, con un coste de 27.000 libras en rehabilitación, reabierto el 20 de mayo de 1899. A lo largo de los años lo han ido modernizando con atracciones punteras, hasta llegar al día de hoy en que se ha convertido en una mini feria flotante con puestos de comida y bebida.
Aquí el mar es verde... Como anécdota, contar que lo primero que ví al llegar a Brighton fue a un tipo plantar esa bandera roja y amarilla en la playa. Yo, desde mi ignorancia y contando con que estamos con la Eurocopa, pensé que era un patriota español marcando territorio. La bandera me pareció un poco chunga, todo hay que decirlo, a falta de una banda. Pero bueno, en mi defensa diré que no había dormido más que tres horas. A catorce grados y ese mar verde y revuelto, lo que menos me iba a imaginar era que se trataba del socorrista de la playa plantando la bandera de baño seguro. ¡Joé no hay más que fijarse en lo abrigada que va la gente!
Pero también sale el sol. Y cuando lo hace, la gente está a las puertas de las
playas y los parques lista para correr a aprovechar al máximo esos rayitos calentitos. El Royal Pavilion es un palacio de apariencia oriental construido por el rey Jorge VI -ese al que todos conocemos- entre 1787 y 1823. Además del visitable palacio, hay museos, galerías de arte y librerías. Y, rodeando los edificios, unos preciosos y cuidados jardines en los que se tumba la gente a leer, de picnic, a tocar los timbales o, simplemente, relajarse a tomar el sol.
Y como una imagen vale más que mil palabras voy a mostrar y explicar un poquito. ¡Ahí va!:

Esta es una vista desde el Brighton Pier. Originariamente, en 1823, fue una plataforma de atraque de barcos llegados de Francia. Durante diez años sufrió una serie de tormentas que causaron daños irreparables, hasta que en 1889 lo compró una compañía privada. Fue reconstruido y, con un coste de 27.000 libras en rehabilitación, reabierto el 20 de mayo de 1899. A lo largo de los años lo han ido modernizando con atracciones punteras, hasta llegar al día de hoy en que se ha convertido en una mini feria flotante con puestos de comida y bebida.
Aquí el mar es verde... Como anécdota, contar que lo primero que ví al llegar a Brighton fue a un tipo plantar esa bandera roja y amarilla en la playa. Yo, desde mi ignorancia y contando con que estamos con la Eurocopa, pensé que era un patriota español marcando territorio. La bandera me pareció un poco chunga, todo hay que decirlo, a falta de una banda. Pero bueno, en mi defensa diré que no había dormido más que tres horas. A catorce grados y ese mar verde y revuelto, lo que menos me iba a imaginar era que se trataba del socorrista de la playa plantando la bandera de baño seguro. ¡Joé no hay más que fijarse en lo abrigada que va la gente!Pero también sale el sol. Y cuando lo hace, la gente está a las puertas de las
playas y los parques lista para correr a aprovechar al máximo esos rayitos calentitos. El Royal Pavilion es un palacio de apariencia oriental construido por el rey Jorge VI -ese al que todos conocemos- entre 1787 y 1823. Además del visitable palacio, hay museos, galerías de arte y librerías. Y, rodeando los edificios, unos preciosos y cuidados jardines en los que se tumba la gente a leer, de picnic, a tocar los timbales o, simplemente, relajarse a tomar el sol.
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