Monday, 9 July 2012

Lo que no te mata...

Hace poco leía por ahí algo así como "Si estás en esta vida es porque eres lo suficientemente fuerte para superarla". Solemos pensar que no seríamos capaces de enfrentarnos a determinadas situaciones: un fatal accidente, una enfermedad letal, la muerte de alguien querido... esto último sobre todo cuando ocurre en circunstancias extraordinarias, como que le ocurra a un pequeño.

He de decir que somos capaces de superar lo inimaginable. Y no sólo somos plenamente capaces de superarlo, sino también de hacernos más fuertes, de aprender a relativizar y de valorar tanto a las personas como a las cuestiones materiales.

Hoy se cumple un año de que mi vida diera un giro inesperado. Un giro que me hizo deshacer todos mis planes y paralizarlos durante un año. Esto fue el culmen de una serie de acontecimientos que me han marcado para siempre. Ha sido -está siendo- con creces la etapa más difícil. En cambio, lejos de acabar conmigo, hoy me analizo y me siento más fuerte que nunca. Mi escala de valores ha cambiado por completo. Lo que entonces me hundía hoy me resbala. Tal cual lo digo.

Hoy valoro más mi vida, aprecio aquello que tengo y está por venir, valoro también más a las personas. Hoy, ya no juzgo a la primera de cambio. No critico que alguien actúe de determinada manera porque no tengo ni idea de lo que lleva a sus espaldas. Hoy miro a la gente -conocida o no- y me planteo qué le habrá deparado la vida.

Mi accidente es una mierda. Hoy, un año después, me sigue doliendo, sigo andando a duras penas y me sigue limitando. No tengo ni idea de si será así siempre o si aún puede haber alguna mejoría, el tiempo lo dirá. Lo que sí tengo claro es que ando, y si duele le pongo hielo y a la mañana vuelta a empezar. Me ha hecho posponer mis planes pero hoy los he retomado, por lo tanto no ha sido más que una pausa. Y es una mierda, sí, me refiero a que es una nimiedad comparado con el resto. Comparado, por ejemplo, con que una madre esté y no esté desde hace un año, un mes y nueve días.

Con todo esto quiero decir que pase lo que pase todo es superable. Mejor o peor; con menos o más pena, pero todo se supera. O, en el peor de los casos, se aprende a vivir con ello.

Hace unos días me emocioné mucho porque un amigo escribió: "Mamá, donde estés, yo soy porque tu fuiste, o quizás sigues siendo". Hoy me apropio de sus palabras.

Y recuerda: Lo que no te mata te hace más fuerte.


A mis hermanas, hermano, sobrinos y padre.